Carnes rojas y blancas: principales diferencias

10:00 h    31/08/2019

Tanto las carnes rojas como las carnes blancas son fuentes de proteína y nutrientes de gran calidad para nuestro organismo. Ambas están recomendadas en cualquier dieta equilibrada. Pero existen importantes diferencias entre ambas que sobre todo priorizan el consumo de las blancas sobre las rojas. Vamos a verlo.

 

CARNES ROJAS

 

Las carnes rojas suelen referirse a las de vacuno, buey, carnes de caza y vísceras. Otras clasificaciones denominan carnes rojas a todas las provenientes de mamíferos.

 

 Estas carnes contienen más hierro, más grasa y mayor concentración de purinas. Las purinas favorecen la formación de ácido úrico. 

 

Las carnes rojas deben su nombre al color que poseen en crudo y que responde a una mayor concentración de mioglobina. Su concentración de grasas, como decimos, es mayor sobre todo en las piezas menos magras. También son una buen fuente de potasio, fósforo y diferentes vitaminas.

 

En relación a su consumo, lo ideal es una cocción lenta evitando las altas temperaturas que provocan el chamuscado y la liberación de sustancias tóxicas. 

 

CARNES BLANCAS

 

En general se consideran carnes blancas a las carnes derivadas de las aves (pollo, pavo, pato…) y algunas clasificaciones incluyen al conejo aunque este sea un mamífero. Su nombre se debe a su color más blanquecino en comparación con las rojas. La causa es una menor concentración de purina. 

 

Las carnes blancas son una gran fuente de proteína de alto valor biológico y en el caso del pollo o pavo poseen una mayor concentración de las mismas. Son en general menos grasas que las carnes rojas sobre todo si se escoge las porciones más magras. También son más fáciles de digerir.

 

Aportan un poco menos hierro que las rojas pero comparten con estas el ser fuente de  potasio, zinc, yodo y diferentes vitaminas. También aportan menos colesterol que las rojas.

 

CONCLUSIONES

 

Todas estas características convierten a las carnes blancas en una opción más saludable que las rojas. Siendo un consumo de carne razonable las tres o cuatro raciones semanales, el consumo de carne rojas debería limitarse a tres o cuatro al mes. 

 

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